¿Socialdemocracia o comunismo? No son lo mismo

Artículo extraído de La Tribuna de Trabajadores #8, abril- mayo de 2026. Boletín de la Liga Comunista Internacionalista

Desde la propaganda de derecha se insiste en que “toda la izquierda es igual”. Con ello buscan confundir y borrar diferencias políticas fundamentales. Pero no es cierto. No es lo mismo la socialdemocracia que el comunismo.

La socialdemocracia fue una corriente que surgió del movimiento obrero y que en el pasado se identificaba con el socialismo, pero el día de hoy no busca acabar con el capitalismo. Su objetivo es administrarlo.

Algunos de sus gobiernos promueven  programas sociales,

 regulación parcial del mercado o reformas para favorecer la inclusión, la equidad o la “igualdad de oportunidades”. Es lo que hoy suele llamarse “izquierda progresista”.

Para hacer mas llevadero al sistema suele impulsar aumentos salariales limitados, apoyos sociales o ciertos derechos democráticos, pero sin tocar el problema central: la propiedad privada de los grandes medios de producción y el poder económico de bancos, monopolios y grandes empresarios. Y por el contrario en muchos casos son los propios gobiernos socialdemócratas quienes instrumentalizan las contrarreformas que benefician al capital.

Esta discusión existe desde hace más de un siglo. Frente a quienes planteaban la supuesta reformar gradualmente el sistema, Rosa Luxemburgo advertía:

“Quien se pronuncia por el camino de las reformas en lugar de la conquista del poder, en realidad no elige un camino más tranquilo hacia el mismo objetivo, sino un objetivo diferente.”

Es decir, no se trata de una diferencia de ritmo o métodos, sino de objetivos opuestos.

El comunismo, desarrollado por Karl Marx, Vladimir Lenin y León Trotsky, parte de otra conclusión: el capitalismo no puede humanizarse porque está basado en la explotación de una clase por otra.

Por ello plantea:

· acabar con el capitalismo,

· abolir la propiedad privada de los grandes medios de producción, y que la clase trabajadora tome el poder político.

Como escribieron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista:

“Los comunistas pueden resumir su teoría en una sola expresión: abolición de la propiedad privada.”

El imperialismo senil y la crisis del sistema

La discusión cobra aún más importancia en la actualidad. El capitalismo atraviesa una profunda crisis histórica a la que caracterizamos como la época del imperialismo senil: un sistema dominado por monopolios y capital financiero que ya no puede ofrecer progreso estable a la humanidad.

Las guerras, la precarización laboral, la destrucción ambiental y el crecimiento de la extrema derecha muestran la decadencia del sistema.

Mientras millones viven con salarios miserables, los grandes bancos y corporaciones acumulan ganancias récord. La tecnología avanza, pero también la desigualdad y la pobreza.

Por ello el sistema alterna gobiernos de derecha y progresistas que, aunque aparentan ser opuestos, terminan administrando la misma crisis capitalista.

MORENA y el bonapartismo burgués

En México, el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum y anteriormente por Andrés Manuel López Obrador suele presentarse como “de izquierda”. Sin embargo, desde una perspectiva marxista, MORENA no representa un gobierno socialista ni obrero, mucho menos comunista como lo denuncia la derecha mexicana.

Se trata de un gobierno burgués con rasgos bonapartistas: un régimen que utiliza programas sociales, liderazgo fuerte y apoyo popular para contener el conflicto social, mientras mantiene intacto el poder del capital.

Por eso, junto a los programas sociales, continúan:

· las ganancias récord de grandes empresarios,

· la subordinación económica a Estados Unidos,

· la militarización, y la precarización laboral.

MORENA no busca superar el capitalismo, sino administrarlo en tiempos de crisis.

La tarea pendiente

Como señalaba Trotsky, la crisis histórica de la humanidad es también una crisis de dirección revolucionaria.

Mientras las y los trabajadores no construyan una dirección política independiente, seguirán atrapados entre distintas variantes del mismo sistema.

La tarea no es elegir administradores “menos peores” del capitalismo, sino construir una alternativa revolucionaria de la clase trabajadora capaz de enfrentar al imperialismo y luchar por una transformación socialista de la sociedad.

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