El ejército está en todas partes, pero la «izquierda» no lo ve…

EDITORIAL extraída de Tribune des Travailluers # 550, semanario del Partido de los Trabajadores francés

Por Daniel Gluckstein

El ejército está en todas partes. En nuestras escuelas, con sus «clases de defensa» y sus sargentos reclutadores, que acuden a hacer propaganda para enrolar a nuestros hijos; en las sesiones de formación y adoctrinamiento de los futuros docentes; en los anuncios de las paradas de autobús, en las estaciones de tren, en los comerciales de televisión y en el cine. Se introduce en los temas de los exámenes y se presenta como el gran proveedor de empleos…

El ejército está en todas partes, pero la «izquierda» no lo ve. Sin embargo, nadie puede negar que la militarización se extiende rápidamente a todas las esferas de la sociedad.

El ejército está en todas partes, pero la «izquierda» guarda silencio. La semana pasada, en su discurso ante las Fuerzas Armadas, Macron se jactó de haber más que duplicado el presupuesto de guerra durante su presidencia. En este punto dice la verdad, aunque olvidó recordar que, para conseguirlo, recortó los presupuestos de los hospitales, de la Seguridad Social y de la educación. ¿En la «izquierda» se prefiere guardar discreción? Es cierto que, sobre esta cuestión, se cultiva gustosamente la ambigüedad…

Recordemos que, en mayo pasado, la representante del Partido Socialista anunció que su partido votaría a favor de la Ley de Programación Militar, felicitándose porque, «gracias al trabajo de los parlamentarios socialistas, la trayectoria presupuestaria fue mejorada, con una mayor concentración de los aumentos de los créditos de aquí a 2027».

Recordemos a Glucksmann, quien desde 2024 llamaba a pasar al «modo economía de guerra». Recordemos a Mélenchon asegurando que, si era elegido presidente, otorgaría a la programación militar «los medios necesarios. Francia está comprometida en tantos acuerdos y tantos contratos que habrá que respetar todo eso. Debemos dotarnos de los medios necesarios».

La «izquierda» se encuentra de tal manera empantanada en este acompañamiento de la militarización que está condenada al silencio frente a las fanfarronadas de Macron. Sin embargo, todo el mundo comprende que duplicar los créditos de guerra obliga a disminuir los demás presupuestos.

En otra época, esto habría provocado las protestas enérgicas de toda la izquierda unida. Hoy la consigna es: silencio, hay que acompañar. Pero acompañar la militarización y el aumento de los créditos de guerra significa acompañar la marcha hacia la guerra.

Para expulsar al ejército de las universidades, los liceos y las escuelas secundarias, y para que los miles de millones destinados a la guerra sean consagrados a las necesidades de la población, sería legítimo convocar unitariamente a una marcha nacional contra la militarización.

Desgraciadamente, en la situación actual, es poco probable que los «partidos de izquierda», de todas las corrientes, hundidos como están en el socialchovinismo, en el respeto al Estado y a su presupuesto de guerra, se comprometan con esta propuesta.

Pero nosotros, militantes del Partido de los Trabajadores, defenderemos esta propuesta durante toda la preparación del mitin internacional del 8 de noviembre, en el que intervendrán delegaciones de todo el mundo, oponiendo a la guerra y a la división entre los pueblos su unidad contra el chovinismo, bajo la bandera de la Internacional Obrera; su unidad en el combate contra todos los gobiernos promotores de la guerra.

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